
En el mundo que vivimos hoy en día, a muchos de nosotros nos gusta tener todo de marca. Y es una realidad. No pasa nada. Desde pastas de dientes Dior pasando por posavasos de Carolina Herrera o algo tan estúpido como una bolsa de carrito de bebé de Gucci. ¿Serán esos bebés más pijos y mejores que los demás?
El caso es que los diseñadores, o mejor dicho las empresas a la que pertenecen estas firmas se nutren de ventas de productos estúpidos e inservibles en muchas ocasiones que llevan su nombre y que al que los compra les produce un extraño orgasmo mental que hace que se sienta más poderoso y con un status superior por llevar a su bebé con Gucci o servir las bebidas de los invitados en posavasos con el logo “CH” (Carolina Herrera).
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